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La base de la arquitectura es crear un medio ambiente en un medio ambiente. La motivación procede de la necesidad de protegerse o de hacer posible una actividad. La arquitectura presupone un evento, hasta entonces imposible.

La arquitectura se materializa a través de la construcción. Es limitada por sus medios técnicos que evolucionan con el tiempo.

Durante mucho tiempo, la arquitectura se definió por su lucha contra el sólido. Las “ventanas” eran los únicos puntos de contacto entre el interior y el exterior circundante.

Las técnicas de construcción conocen una extraordinaria mejora con el movimiento moderno. La zona de contacto entre el espacio interior y el medio ambiente natural se abre hasta casi borrar su límite. Aparecen entonces volúmenes de metal equipados de cortina de vidrio, consiguiendo un mínimo nunca antes igualado.

Una cosa extraña pasó, mientras más lejos llegaba la conquista del límite técnico, la relación entre el hombre y la naturaleza se hacía cada vez más fría. El hombre no estaba ya con ella, la observaba. La relación era unidireccional. El progreso de las técnicas de construcción habían alcanzado su paroxismo. Sensaciones de frialdad emanaban de las construcciones. La crítica destacó estas duras realidades hasta provocar la extinción del paradigma y su optimismo.

Y la arquitectura moderna no tuvo más amantes, y la nostalgia, por el contrario, recibió todas las ganancias.

No queremos rechazar esta herencia sino más bien comprender esta
quiebra intelectual, y producir una solución que unifica los
pensamientos que eran divergentes en el sistema anterior.

Quisimos seguir esta vía de la explotación de la técnica, evitando al mismo tiempo la introducción de la modernidad en bruto, desequilibrada. Quisimos trabajar en este límite, comprenderlo, incluso aceptarlo, darle forma.

 

La reflexión se orienta entonces sobre la experiencia, sobre lo que puede ser. Nos imaginábamos comer entre los árboles, en medio de esta naturaleza exuberante, diferente a nosotros. Que en vez de una separación, el medio ambiente construído estuviera en relación con la naturaleza.

 

La expresión geométrica del pabellón mantiene su significación de hogar, de lugar de relación familiar. Un suelo en madera, sostenido por postes sobre la cuesta, prolonga la horizontalidad del jardín hacia los árboles. Su superficie en entarimado de madera hace el mejor uso del espacio dejado entre los troncos, preservando la presencia natural.

 

Este suelo nos permite así comer en medio de los árboles. Una envolvente soluciona los problemas de clima, el viento y el frío, a la vez que permite una transparencia confortable con el paisaje. Evitando el sentido de horizontalidad total, las paredes y el techo se tratan como una única entidad, logrando una sensación ascendente, una mirada al cielo.

 

La envolvente se conforma de una estructura en madera ligera y fina. Es un montaje que define una multitud de cuadros mayores o menores sobre el paisaje. La estructura recorta la naturaleza en visiones. Como el marco de un cuadro contrasta con su contenido, la cara interior de la estructura pudiera tratarse de manera diferente, en contraposición con la textura de los árboles.

 

Durante el día, el pabellón apenas se distingue en medio de los árboles. Su construcción a partir de elementos delgados le da una presencia muy ligera. Al mismo tiempo, la transparencia medida y sus reflejos velados de lo circundante, lo hacen aparecer mágico.

 

Por la noche, el espacio interior permite un ambiente cálido, casi paradójico en medio de este ambiente. Una chimenea ayudaría a la experiencia de un lugar acogedor. El equilibrio entre el carácter del espacio interior y la presencia de los árboles produce una sensación extraordinaria entre naturaleza y calidez humana.

 


proyecto en collaboracion con el cielo arquitectos

anta fe
pavillon in a gated community - mexico, 2008.11